Lo que un cliente pide no siempre es lo que realmente necesita
- Sofia Castañeda

- hace 15 horas
- 4 min de lectura
Una de las preguntas que más me hacen es si los clientes saben exactamente lo que quieren cuando llegan a nuestro estudio.
La respuesta es sí… y no.
La mayoría tiene una idea bastante clara de lo que desea cambiar. Quieren una cocina más funcional, un salón más luminoso o un baño con mejores acabados. Han vivido el espacio, conocen sus incomodidades y llegan con una lista de prioridades.
Pero nuestro trabajo como arquitectos e interioristas no consiste únicamente en ejecutar esa lista.
Consiste en entender cómo viven hoy, cómo quieren vivir mañana y qué puede necesitar esa vivienda dentro de diez o veinte años.
Ahí es donde empieza el verdadero diseño.
Escuchar va mucho más allá de tomar nota
Las primeras reuniones con un cliente rara vez hablan solo de metros cuadrados o materiales.
Hablamos de su rutina, de sus aficiones, de si reciben invitados con frecuencia, de si cocinan mucho, de cómo imaginan su jubilación o de si esa será la casa donde quieren pasar el resto de su vida.
Muchas veces, son esas conversaciones las que cambian completamente un proyecto.
Porque detrás de un "quiero una cocina más grande" suele esconderse el deseo de compartir más tiempo con la familia. Como tambien, detrás de un "quiero reformar el baño" puede haber simplemente una cuestión estética, mientras que el verdadero problema está en otro lugar de la vivienda.
Nuestro trabajo consiste precisamente en interpretar esas necesidades antes de empezar a diseñar.

Cuando el proyecto tomó un rumbo inesperado
Hace poco trabajamos con una pareja que vivía en Suiza y acababa de comprar un piso de obra nueva en Badalona, Barcelona.
Después de muchos años trabajando, habían decidido que aquel sería el hogar donde disfrutarían de su jubilación.
Su encargo parecía muy sencillo: reformar únicamente la cocina y el baño.
La cocina tenía todo el sentido del mundo. A uno de ellos le apasiona cocinar y quería un espacio mucho más funcional y sofisticado que el que ofrecía la promotora.
El baño, en cambio, querían cambiarlo únicamente porque no les convencían los revestimientos brillantes.
Sin embargo, al visitar la vivienda vimos una realidad diferente.
Era un baño completamente nuevo, en perfecto estado y con materiales de buena calidad. Técnicamente no existía una necesidad real de reformarlo.
Lo que sí nos llamó la atención fue otra cosa.
La vivienda tenía tres habitaciones muy pequeñas. Ninguna podía considerarse realmente un dormitorio principal cómodo para una pareja que planeaba vivir allí durante muchos años.
Entonces apareció una pregunta que cambió completamente el proyecto.
¿Y si el verdadero problema no era la cocina ni el baño?
¿Y si lo que necesitaba esa vivienda era una distribución completamente distinta?
Diseñar pensando en las próximas décadas
Propusimos algo que inicialmente los clientes nunca habían contemplado.
Transformar las tres habitaciones en dos espacios mucho más amplios y versátiles.
La idea no consistía en hacer una reforma más grande por hacerla.
Consistía en construir un hogar preparado para acompañarlos durante toda su jubilación.
Diseñamos una habitación principal amplia, cómoda y conectada al baño, con una distribución que pudiera adaptarse fácilmente si algún día sus necesidades de movilidad cambiaban.
La segunda habitación se proyectó como estudio y biblioteca. Hoy es un espacio de trabajo y lectura. Mañana podría convertirse en una segunda habitación principal, un dormitorio para invitados o incluso un espacio de apoyo si la vida les llevara por otro camino.
Quizá nunca lleguen a necesitarlo y ojalá sea así.
Pero un buen proyecto también consiste en preparar la vivienda para escenarios que hoy parecen lejanos.
La experiencia también diseña
Hay decisiones que no aparecen en ningún plano. Nacen de la experiencia.
A lo largo de mi vida he vivido situaciones familiares en las que una enfermedad cambió completamente la forma de utilizar una vivienda. También he experimentado personalmente una lesión que me obligó a desplazarme temporalmente en silla de ruedas.
Son experiencias que cambian tu forma de entender los espacios.
Te hacen comprender que un pasillo unos centímetros más ancho, una habitación más flexible o una circulación mejor resuelta pueden marcar una enorme diferencia en la calidad de vida de una persona.
No diseñamos pensando en el peor escenario.
Diseñamos para que la vivienda siga funcionando incluso cuando la vida cambia.
El valor de hacer preguntas diferentes
Como diseñadores, proponer una distribución alternativa en las primeras fases del proyecto no supone un esfuerzo extraordinario.
Analizar el potencial de un espacio forma parte de nuestra responsabilidad.
Después será el cliente quien decida pero creemos que merece la pena mostrar todas las posibilidades antes de tomar una decisión definitiva.
Porque una reforma integral suele hacerse una sola vez.
Cuando la vivienda ya está terminada, los muebles colocados y la rutina instalada, volver a modificar la distribución resulta mucho más complicado, especialmente en etapas como la jubilación.
Pensar con visión de futuro desde el principio evita muchas limitaciones más adelante.
El resultado
Después de valorar la propuesta, los clientes decidieron confiar en nuestra visión y apostar por la reforma integral.
Hoy disfrutan de una vivienda mucho más adaptada a su forma de vivir.
Tienen una cocina diseñada para una de sus grandes pasiones, una habitación principal realmente cómoda y un estudio que, si algún día fuera necesario, podrá transformarse fácilmente para responder a nuevas necesidades.
Lo más gratificante fue escucharles decir que jamás se habían planteado esa posibilidad y que agradecían profundamente haber podido verla antes de empezar la obra.
Ese tipo de comentarios son, probablemente, la mayor recompensa de nuestro trabajo.
Porque entendemos que el éxito de un proyecto no consiste únicamente en crear espacios bonitos. Consiste en mejorar la vida de quienes los habitan.
Diseñar es anticiparse
Con frecuencia decimos que el cliente es quien mejor conoce su forma de vivir y es verdad.
Pero nosotros tenemos la responsabilidad de aportar una mirada que vaya más allá del presente.
De imaginar cómo evolucionará esa vivienda con el paso de los años.
De detectar oportunidades que todavía no son evidentes y de ofrecer soluciones que quizá el cliente nunca habría considerado por sí solo.
Porque el mejor proyecto no siempre es el que responde exactamente a lo que el cliente pidió.
Es el que consigue resolver aquello que realmente necesitaba y cuando ambas cosas coinciden, el diseño deja de ser una reforma para convertirse en una inversión en calidad de vida.



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